Decálogo

I. DECÁLOGO PARA ACTIVAR LA ECONOMÍA URBANA Y LA CIUDAD QUE NECESITAMOS.

CONTEXTO    

Chile tiene una larga trayectoria de planes y políticas de recuperación urbana que han tenido distintos orígenes, unos reactivos a propósito de desastres como los terremotos, incendios, erupciones volcánicas y aluviones y otros proactivos, es decir con una intencionalidad política de responder a diversas problemáticas más allá de situaciones coyunturales. Estas iniciativas, han sido llevadas a cabo, mayoritariamente desde una mirada sectorial a través de programas tales como Proyectos Urbanos y, Quiero Mi Barrio-MINVU, Barrios Comerciales-MINECON, Barrios Patrimoniales-SUBDERE, entre otros.

De este modo, se ha acumulado una gran experiencia en planes de reactivación a propósito de diversas crisis económicas, como la crisis sub-prime del 2008 y la crisis asiática de 1998. Hay mucho que aprender de ese recorrido, tanto en sus aciertos como en sus fracasos y limitaciones.

El momento actual nos demanda una respuesta diferente. Lo que pudo funcionar y ser visto como adecuado hace algunos años hoy necesita ser revisado en profundidad. La fractura existente de nuestra sociedad reflejada en el estallido social, y la dramática experiencia de la pandemia del COVID-19, nos señalan claramente que necesitamos hacer cambios en el rumbo del país. Las políticas dedicadas a recuperarnos de las consecuencias sociales y económicas de la pandemia no pueden hacer caso omiso de todas estas circunstancias. Es importante aprovechar      esta oportunidad para reorientar el desarrollo económico y urbano.

ANTIGUAS PRÁCTICAS QUE NO HAY QUE REPETIR

  1. Tomar todas las decisiones desde el gobierno central priorizando soluciones uniformes que ignoran la diversidad y opinión de los territorios.
  2. Concentrar recursos solo  en la infraestructura de megaproyectos urbanos.  Simplificando y reduciendo exigencias en su aprobación algunos de alto impacto ambiental.
  3. Priorizar las iniciativas que favorecen el uso del automóvil particular.
  4. Ignorar las desigualdades de género y territoriales en el impacto de las medidas que se adopten.
  5. Desarrollar medidas sectoriales con los habituales parámetros burocráticos, sin coordinación, integración ni evaluación de efectos en la calidad de vida de la población.
  6. No reconocer y subestimar la importancia de los cuidados de las personas en situación de dependencia, y su impacto en el empleo, bienestar y autonomía económica de las mujeres.
  7. Estimular la construcción de vivienda sin asegurar su calidad, y sin una planificación que se proponga combatir la segregación.
  8. Minimizar el aporte de la sociedad civil y las organizaciones sociales y sus nexos con los mercados laborales locales.
  9. Ignorar el liderazgo de los gobiernos locales para impulsar una reactivación pertinente a su realidad comunal articulando a los distintos actores publcios y privados.
  10. Bajar impuestos a sectores que ya tienen una carga tributaria menor de la que deberían y reducir la reactivación sólo a lo que hacen grandes empresas.

NUEVAS PRÁCTICAS QUE NECESITAMOS PROMOVER Y POTENCIAR

  1. Acordar agendas de recuperación con los municipios y las comunidades, adaptándolas a las necesidades locales y barriales e incorporando las ya existentes (“monitor de reactivación” y “matriz de priorización de acciones”).
  2. Incorporar una auditoría de equidad a todas las intervenciones, dando preferencia a aquellas que reducen las brechas de desigualdad y favorecen a los territorios más afectados por la pandemia.
  3. Priorizar programas de empleo que atiendan urgencias sociales: trazabilidad de potenciales contagios, refuerzo escolar, acciones de prevención de la violencia, reducción del hacinamiento, generación rápida de áreas verdes, entre otras.
  4. Concentrar la inversión en infraestructura vial en proyectos de movilidad sostenible, con énfasis en peatones, transporte público, bicicletas y seguridad vial. El actual Plan de Infraestructura hace lo contrario.
  5. Promover la creación de empleo en obras menores de equipamiento, como mejoramiento de veredas, reparación de mobiliario urbano y de calzadas, mantención de espacios públicos, entre otros.
  6. Desarrollar un subsidio al cuidado que reporte ingresos para las personas que asumen estas tareas, generalmente mujeres, o que les permitan contratar apoyos para salir a trabajar fuera del hogar. Por ejemplo, impulsar nuevos servicios locales de proximidad que respondan a las necesidades de cuidados de sectores en situación de vulnerabilidad.
  7. Promover acciones que tiendan a reducir la brecha digital -en acceso y calidad-, en barrios, ciudades y regiones, agilizando tr√°mites, creando subsidios para infraestructuras de conectividad digital.    
  8. Promover acciones de alivio económico de doble impacto, tanto a la población vulnerable y como al comercio barrial, inyectando subisidios públicos para la compra de artículos      básicos en el comercio barrial.
  9. Desarrollar un símil a Servicio País para aportar profesionales jóvenes a la formulación de proyectos en municipios de bajos recursos e instalar un contingente de emergencia en SUBDERE que agilice y apoye la aprobación de proyectos. Así se levantan iniciativas de inversión y se genera empleo para jóvenes profesionales.
  10. Priorizar proyectos de vivienda bien localizados, con densidad equilibrada y arriendo protegido. Aprovechar los terrenos públicos disponibles incorporando normas que desalienten a los privados a mantener terrenos eriazos o abandonados.


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Por Carolina Tohá | La Tercera 20210724 Desde el retorno a la democracia, ninguna elección presidencial ha contradicho el pronóstico de las encuestas. Siempre ha ganado el favorito o favorita. Siempre. Esta vez eso no pasó, porque quienes encabezaron los sondeos de opinión durante el último tiempo ya quedaron fuera de la carrera: Joaquín LavínContinue reading “Candidaturas y encuestas”

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